ANA MARIA ALEMAN poeta




Y ES ASI COMO ME GUSTO
POR: RAFAEL PLATERO

Poco a poco van ocupando el espacio de preferencia ciertos libros leídos. Los termino, hago apuntes en ellos o simplemente marco las líneas conteniendo reflexiones o el desborde de inteligencia, y pasan a ese lugar tan a la mano de mi brazo con su mano. Y los hay también aquéllos, los del facilismo, alojados en un lugar tan distante que no le dan oportunidad a mis recuerdos de alcanzarlos, después de leerlos, desde luego. Hace unos días el poeta Carlos Alvarado Salinas me entregó un libro y una invitación. El libro es un poemario de Ana María Alemán, “Pez de afiladas sombras”, y la invitación es para la presentación del pez de afiladas sombras en el Centro Cultural Sampedrano el día de hoy. Comencé su lectura, pese a tener en lista de espera a varios autores, el mismo día de la entrega cuando la luna me dio la autorización y el corcho se liberó de su apretado y tinto encierro.
No pasé por el prólogo, fui directo a conocer el sabor, el tamaño y el color de cada palabra escrita. Metí mis ojos en Espigas de luz y universo, la primer poesía, y sentí el reflejo luminoso y la evolución del todo, y eso me llevó a darle vuelta a la página y a la página, hasta llegar a ese punto en donde se siente el clásico dolor del fin. Volví, con la serenidad generada por las delicias del Valle Central de Chile, y con mayor detenimiento hice el viaje al centro de la ternura, de las venas abiertas y sentí todos los pasos guiados por la estrella del ladrillo azul. Parafraseando a Augusto Monterroso: el rayo me cayó dos veces en el mismo sitio.
¡Qué bien! Pensé. Luego le hice una visita al prólogo y me encontré con la ruta trazada de manera magistral por nuestra Helen Umaña, poseedora de esa habilidad de tomarnos de la mano y develar para nosotros los múltiples rostros de la forma poética analizada. Hoy, sentado frente a la máquina con la autorización de la luna en cada dedo no puedo espantar los fantasmas bulliciosos en mi intento de arreglar la brújula del mundo, pero me llena halagar el poemario, la poetisa y la oportunidad de leerlo.
Hoy el pez de afiladas sombras está en ese sitio de mis preferencias tan a la mano de mi brazo con su mano. Ana María Alemán rompió mi tranquilidad y hoy, como niño y su rompecabezas, trato de armarlo de nuevo aunque sospecho que he perdido varias piezas.
La Prensa, jueves 2 de diciembre de 2004



PEZ DE AFILADAS SOMBRAS

Te deslizas de mi lado y escapas,
pez de afiladas sombras.
El mar es muy pequeño
para tu horizonte.
Al irte, dejas apenas
una estela brillante y espumosa
y un mundo de caricias
atrapadas en mis manos.
Te vas, la marea
se duerme en mi regazo
y los caracoles cuentan sus milagros.
Te vas, las sirenas se visten de gala
y la noche cae con un velo de luto infinito.

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